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Planeación estratégica… ¿sin estrategia?

Aunque parezca un contrasentido, he visto en múltiples ocasiones cómo las organizaciones emprenden actividades de planificación estratégica sin poner a discusión su estrategia. Y es que se enfocan en definir qué esperan alcanzar en el largo plazo (3, 5, 10 años…), sin tomar en consideración la base fundamental de su éxito futuro: su estrategia.  

Si entendemos por “estrategia” la forma seleccionada de producir impacto en nuestro propósito, de ganar el juego a los competidores, la “planeación estratégica” debería en realidad establecer todo lo que debemos hacer de nuestra organización para poner en práctica la estrategia.  

Desarrollar una estrategia implica conocer profundamente a nuestro cliente, sus influencias y opciones para resolver sus problemas y satisfacer sus necesidades y activar nuestro pensamiento creativo y analítico para crear mejores soluciones para nuestros clientes y aliados de negocio. Esto es, usar nuestra inteligencia de negocios en toda su extensión.  

Por su parte, la planeación estratégica debería fijar los objetivos, acciones y recursos necesarios para que la estrategia se materialice en beneficios para el cliente y el negocio.  

Planear estratégicamente va más allá de planear a largo plazo. 

Partiendo del hecho de que una planeación estratégica tiene como finalidad dirigir los esfuerzos de una organización o empresa hacia el éxito sostenido -un éxito que perdura en el tiempo-, cabe preguntarse ¿qué riesgo supone en los tiempos actuales planear el futuro sin revisar su estrategia?, es decir ¿planear el futuro como una simple proyección del pasado, esto es, bajo los mismos supuestos?… 

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